04: Natalia Gurovich
Posted in El Ilustradero, INsight Natalia Gurovich on March 14th, 2011 by admin – Be the first to comment
De niña, Naty jamás imaginó que llegaría a ser ilustradora. Siempre le apasionó dibujar y, de pequeña, siempre tenía a la mano lápices y hojas. Poco a poco, por influencia de su padre, que es arquitecto, comenzó a volverse más claro a qué se dedicaría: “Él me motivaba a dibujar y dibujar; dibujar como una forma de aprender y aprehender el mundo, de comunicarse y de pasar el tiempo”.
Así fue como esta talentosa ilustradora y diseñadora estudió primero un año de arquitectura, reconoció en el teatro una de sus pasiones primigenias (a la que ha seguido fiel) para, finalmente, encontrar en el diseño ese lugar donde podía conjuntar todo lo que le apasionaba. Tuvo, además de la gráfica, formación textil e industrial; tomó muchos cursos en la escuela de arte, y lleva diez años participando en un taller de pintura cada semana.
Trabajo personal
Su gran amor por los libros también le vino de su padre: “Él nos leía todas las noches y lo acompañábamos mucho a librerías. A la fecha, sigo sintiendo fascinación cada vez que entro a una”. Desde antes de aprender a leer, Naty ya hojeaba y, sobretodo, ojeaba libros (le encanta verlos) en librerías, bibliotecas y en su casa, tapizada como estaba de ellos.
Hace unos años, consiguió un libro usado igual a uno que tuvo de niña: Pedrito y el lobo, ilustrado por Jiri Trnka, cuento checoslovaco editado en Chile en 1968. Naty pasaba horas mirándolo, y fue el primer estímulo claro que tuvo para dedicarse a la ilustración.
Este año, Naty Gurovich cumple 19 años viviendo en México. A pesar de que su plan inicial era venir sólo de visita por un mes, terminó quedándose. Unos años antes había conocido a su esposo, de origen chileno, quien por razones políticas ya vivía aquí. Se enamoraron en Chile, pero pronto Naty aceptó su invitación de vivir juntos en México, “un país ante el cual no se puede uno quedar indiferente; dicen que se te mete en la sangre cuando lo conoces y así es”. Sus hijos son mexicanos, cosa que la arraiga aun más a esta tierra.
Los zapatos del elefante, Ediciones SM, 2010
Se ha dedicado al trabajo de forma independiente desde el comienzo, pero también ha estado contratada. En su segundo año en México, trabajó en un despacho de diseño haciendo la señalización y elementos de promoción (todo ilustrado) para la librería Gandhi de Bellas Artes. Ahí conoció al ilustrador Julián Cicero, quien asegura ser su primer amigo chilango. Más tarde, conoció el ambiente de ilustración infantil al quedar seleccionada en el Catálogo de Ilustradores Infantiles y Juveniles de la DGP-Conaculta en 1997, después de lo cual la invitaron a ilustrar algunos libros y de ahí se siguió. Con el tiempo se fue haciendo de clientes regulares. Desde 2008, Naty trabaja en el Departamento de Diseño en el área de Difusión Cultural del Conservatorio Nacional de Música.
A Naty siempre la encontramos rodeada de su esposo e hijos, quienes la acompañan a todas sus presentaciones de libros y premiaciones: “Mi familia es mi primer crítico, siempre andan rondando y lanzando opiniones mientras ven cosas del trabajo que estoy haciendo. Me importa mucho la opinión de cada uno de ellos; de hecho, creo que es la principal. Mis dos hijos me dan ideas y dibujan muy bien, y me encanta que se involucren”. Su esposo es músico y sus hijos estudian música también: Gabriel, violín y piano, y Ana estudió años de violín y ahora lleva unos años estudiando canto. Naty y su esposo se complementan muy bien: “Me encanta que no se dedique a lo mío y viceversa. Creo que a él también le entusiasma tener una pareja con otros intereses; sin embargo, me gusta muchísimo la música y él es muy sensible a lo visual”. Les encanta ver buen cine juntos, ir a exposiciones y a conciertos. Curiosamente, él es quien sobre todo se sienta a pintar con los hijos.

Brasilera
En su experiencia como madre, Naty considera que, siempre que involucres la pasión al hacer algo, puedes transmitirla. Sin planearlo mucho, la ilustración siempre ha estado presente en la familia: “A mis hijos, los libros los remiten a momentos de su infancia específicos, a la relación amorosa con nosotros porque los leíamos juntos, al juego”. Sus hijos le dan un valor muy profundo y han llegado a entender este lenguaje como un medio de comunicación, un fuerte transmisor de emociones. También ha sido parte de su formación visual, en gran medida gracias a Eva, su hermana mayor, quien les heredó un linda biblioteca infantil y juvenil: “Con el paso del tiempo, esta colección de libros ha crecido y yo diría que tenemos casi igual cantidad de libros para niños que para adultos en la casa”.
Naty conoció a Eva, hija de su esposo, desde los 5 años. Acostumbraba hacerle historietas de regalo y mandárselas por correo. Sin pensarlo en realidad, eso sirvió para fortalecer su relación. Más adelante, Eva pasó un tiempo viviendo con ellos en México. Ésos fueron los primeros años de su hija Ana y, cuando se acercaba la fecha en que Eva volvería con su mamá a Estados Unidos, a manera de despedida, Naty hizo un libro en el que, con dibujos, explicaba cómo ambas vivirían en lugares distintos pero seguirían muy cerca, gracias al amor que se tenían.
Hace dos años, Naty Gurovich presentó en la Filij un libro desarrollado a cuatro manos entre ella y su hijo Gabriel. Este proyecto familiar surgió porque a su esposo e hijos les encanta el futbol y siempre platicaban sobre algunas ideas para hacer actividades de dibujo en torno a ese tema. Además, pasó años buscando un libro para colorear sobre este deporte para Gabriel y nunca encontró nada, ¡así es que ellos mismos lo hicieron! Naty generó las ilustraciones, mientras que su familia le dio las ideas sobre los temas: “Nos divertimos mucho. Es lindo para los hijos ver de verdad todo el proceso: ellos pensaron una idea, la hicimos, se imprimió y salió de la casa para que otros la vieran. Ver que uno puede ser actor de algo es una gran enseñanza para perseguir un proyecto, cualquiera que sea”.
Naty tiene dos blogs, uno para cada faceta: la ilustración y el diseño. En gran medida, lo ve como una sola cosa, pues conviven y se mezclan muy seguido. Por ejemplo, para ella el entrenamiento en la conceptualización de las imágenes en el diseño es básico para enfrentar el trabajo de ilustración. La educación estética, el equilibrio visual, el trabajo de color, y un gran etcétera, son temas compartidos.
También usa las redes sociales para mostrar su trabajo, pues considera que el trabajo de un ilustrador, personal y aislado, no está completo hasta que se hace entrega a la editorial o al cliente. “A veces, si uno hace algo por diversión o como proyecto personal y no tiene feedback, no sabe si es una tontería o es interesante”, afirma.
Naty Gurovich desarrolla y participa en muchos y muy interesantes trabajos de ilustración. Recientemente participó en una antología de Ediciones Castillo, y trabaja en un libro que la tiene muy entusiasmada sobre una niña acomplejada, y en un proyecto bastante adelantado de libro álbum con una amiga escritora.
Como proyecto recurrente, en su taller de pintura busca hacer ilustración con una estética más pictórica, poco realista; encontrar ese límite. Le gusta el dibujo infantil o primitivo, y ése es el camino que prefiere para ilustrar: generar imágenes legibles, literarias, con estilo más abstracto y no tan controlado. Le encanta Jean Dubuffet, por ejemplo, y actualmente trabaja en una imagen grande que busca mostrar una historia no lineal, que apele a lecturas múltiples e individuales.
Desde su perspectiva como ilustradora mexicana, en el resto de Iberoamérica hay un adelanto en el tema de derechos de autor y tarifas para ilustradores que de pronto no vemos en México. Además, históricamente España, Cuba, Colombia y Argentina han estado a la vanguardia en el desarrollo de nuestro rubro, gracias a lo cual estas sociedades son conscientes de la necesidad de cohesión, lo cual, de acuerdo con ella, hace falta en México: “De existir más solidaridad en el gremio, habría seguridad como grupo, en lugar de la competencia individual; necesitamos marcos más compartidos para profesionalizar nuestra actividad, con proyectos grupales y propuestas para dar a conocer la profesión frente a los que no están familiarizados con ella”. Y qué mejor vía que las ferias de relevancia internacional, como la de Minería, o la FIL de Guadalajara.
Naty es de la idea de llevar la ilustración a otros campos, pues no sólo vive en la literatura infantil. Este año recibió mención honorífica en el Primer Catálogo Iberoamericano de Ilustración con una serie que demuestra cómo la pintura y la ilustración pueden convivir, con un trabajo sincero armado de un discurso fuerte e impactante en forma y fondo.
Esperamos que siga conmoviéndonos con sus originales y entrañables ilustraciones.
Imaginante
Cuando no está ilustrando, a Naty le gusta el trabajo de jardinería; confiesa no saber demasiado, pero ama las plantas. Le encanta ir a comer a El Tizoncito de la Condesa (el de Campeche con Cholula), donde típicamente los atiende don Raúl. Adora ir al Centro Histórico de la ciudad de México a callejonear, ver cosas, sacar fotos. También acostumbra andar en su barrio, ir al mercadito de los martes, usar las Ecobicis y platicar con los vecinos. Prefiere el bosque a la playa, le gusta tanto la noche como el día, y más el café que el té.
También disfruta mucho de ver películas y hacer planes con sus hijos, como ir al cine, o simplemente estar con ellos. Con todo, nunca deja de dibujar: “Ya sea parada en la fila de la escuela o en algún concierto de mi esposo, dibujo donde puedo y a la hora que sea. Es mi adicción”.

















